Allah el Glorioso ha creado a los seres humanos en dependencia uno del otro. El individuo no posee todas las cosas que necesita. Una persona tiene algo en exceso mientras que, a la vez, puede necesitar algo que otros tienen y de lo cual pueden prescindir. Allah orientó a la gente hacia el intercambio de bienes y servicios a través de las compraventas, pues tales transacciones hacen que la vida social y económica funcione eficientemente y animan a la gente a ser productiva.
Muchas clases de transacciones e intercambios de propiedad eran corrientes entre los árabes al principio de la misión del Profeta Muhammad (saws). Él aprobó y confirmó los tipos de transacciones que no estaban en conflicto con los principios de la Sharía; y desaprobó y prohibió aquellas prácticas de negocios que estaban en contra de los propósitos y objetivos de la Sharía. Las prohibiciones se debían a razones específicas; como el comercio de cosas ilícitas, transacciones que implican fraude, ganancias exorbitantes o injusticias contra una de las partes del trato.
La prohibición de vender cosas ilícitas
El Profeta (saws) prohibió cualquier tipo de transacción que pueda causar conflicto o reclamo debido a ciertos términos dudosos o la no especificación de la cantidad a ser entregada o intercambiada.
Esto incluye el tipo de transacción donde el vendedor no da garantías de poder entregar las mercancías por las que se le está pagando. De esta manera, el Profeta (saws) prohibió vender los futuros potrillos de un semental, las futuras crías de un camello, aves volando en el cielo o peces libres en el agua; esto se aplica a todos las ventas donde hay un engaño potencial, ignorancia de la cantidad o la calidad de lo transado. Citado por Muslim.
El Profeta (saws) observó que la gente vendía los frutos sin cosechar mientras estaban aún en los árboles o los sembradíos; si la cosecha era destruida por una plaga u otra calamidad natural, el comprador y el vendedor litigaban sobre quien iba a cargar con las pérdidas. Por ello, el Profeta (saws) prohibió la venta de frutos hasta que estén claramente en buena condición, excepto que sean cosechados al momento. Así también, prohibió que se vendan los granos hasta que estén maduros y a salvo de las plagas; dijo: "Decidme porqué, si Allah retiene los frutos, tomará alguno de vosotros la propiedad de su hermano."
Sin embargo, no todas las ventas que incluyen algo desconocido o incierto están prohibidas. Por ejemplo, una persona puede comprar una casa sin saber qué hay en sus cimientos o dentro de sus paredes. Lo que está prohibido es vender algo sobre lo cual hay un obvio elemento incierto que llevaría a disputas y conflictos o causaría la apropiación injusta de bienes ajenos. Nuevamente; si el riesgo por la incertidumbre es pequeño (y esto lo determina la experiencia y la costumbre) la venta no es prohibida, por ejemplo, alguien puede vender hortalizas como la zanahoria, la cebolla y los rábanos mientras están aún enterradas; también se pueden vender los sembradíos de pepinos o sandías y otros similares. La opinión de Imam Málik es que las ventas de productos de primera necesidad en las cuales el riesgo es tolerable están permitidas.
Manipulación de precios
El Islam permite el libre mercado y la respuesta a las leyes naturales de la oferta y la demanda. Cuando los precios subieron en la época del Profeta (saws) y la gente le pidió que les congele los precios, él respondió: "Allah es quien fija los precios: Él es Quien retiene, Quien da bondadosamente y Quien provee; espero que cuando yo me encuentre ante Él ninguno de vosotros tenga algún reclamo contra mi por alguna injusticia relacionada con hechos de sangre o con propiedades".
Con estas palabras, el Profeta del Islam (saws) declaró que la interferencia innecesaria en la libertad de los individuos es una injusticia y que el hombre debe encontrar a su Señor estando libre de culpa de tal acción. Sin embargo; si se presentan fuerzas artificiales, tales como el monopolio y la manipulación de precios por ciertos comerciantes, e interfieren con el libre mercado, pues el interés público está antes que el de ciertos individuos. En tales situaciones se hace lícito efectuar un control de precios para poder satisfacer las necesidades de la gente y proteger a la gente de ambiciosos oportunistas. El hadiz anterior no significa que el control de precios está prohibido en todas las circunstancias.
El Islam condena severamente a quienes, llevados por la ambición y la avaricia, hacen fortuna a expensas de los demás y se hacen ricos manipulando los precios de la comida y de otros artículos de primera necesidad. Por eso es que el Profeta (saws) condenó a los monopolizadores con palabras fuertes; dijo: "Si alguien guarda el grano por cuarenta días para obtener mejores precios, será rechazador por Allah".
También dijo: "Quien retiene los productos hasta que suban los precios es un pecador." La palabra pecador aquí no debe ser tomada con levedad, pues es la misma palabra con la que Allah describió a algunos grandes tiranos de la historia, por ejemplo: "Faraón, Hamán y sus ejércitos eran pecadores" (Qur'an 28:8).
El Profeta (saws) también dijo: "El hombre que oculta por avaricia los productos es malvado. Si los precios bajan se entristece y si suben se alegra". Esto expone la mentalidad egoísta y avara que caracteriza a los especuladores. El profeta (saws) también dijo: "Quien trae sus productos al mercado es bendecido con generosidad. Pero, quien los oculta es maldecido."
Hay dos maneras de ganar en un negocio. La primera consiste en ocultar el artículo fuera del mercado hasta que escasea y quienes lo necesitan no pueden conseguirlo; luego, compelidos por su necesidad, van al especulador y le pagan el precio que él pide, aunque este sea desquiciadamente alto. La otra forma es introduciendo el artículo en el mercado; venderlo a un precio con una ganancia razonable; comprar más mercancía de la misma y venderla de la misma manera; y así sucesivamente. Y ya que esta última forma sirve al interés público, el mercader que la práctica es bendecido y agraciado generosamente por Allah, tal como lo explica el hadiz anterior.
Un hadiz muy importante, al respecto de la especulación de precios y la retención de la mercadería, es relatado por Ma'qal bin Iassar. El Gobernador Omeya, Ubaidullah bin Ziad, fue a visitar a Ma'qal cuando éste se encontraba postrado en cama por una grave enfermedad. Luego de preguntarle por su salud, Ubaidullah le preguntó: "¿Sabes de alguna vez que yo haya derramado sangre injustamente?". Ma'qal respondió que no. Ubaidullah siguió preguntando:"¿Sabes de alguna vez que yo haya intervenido los precios de las mercaderías de los musulmanes?" y Ma'qal volvió a responder que no sabía. Entonces Ma'qal pidió a la gente que lo ayuden a sentarse y así lo hicieron. Luego dijo: "Óyeme Obaidullah; te diré algo que oí del Mensajero de Allah (saws). Oí al Mensajero de Allah (Saws) decir: 'Quien interviene los precios de las mercaderías de los musulmanes, para elevarlos, merece que Allah lo introduzca en el Fuego en el Día de la Resurrección' ". Ubaidulah preguntó: "¿Has oído esto del Mensajero de Allah (saws)?"; Ma'qal respondió: "Más de una o dos veces".
Intervenir en el libre mercado
Otra práctica relacionada con la especulación que fue prohibida por el Profeta (saws) es del residente que vende productos para un forastero. Los eruditos han explicado la situación de la siguiente manera: Un forastero trae ciertos productos para ser vendidos en el pueblo al precio actual del mercado. Un residente se le acerca y le dice que deje con él los productos por un tiempo para venderlos después cuando los precios sean más elevados. Si el forastero hubiese vendido sus productos por sí mismo lo hubiera hecho por un precio más bajo, beneficiando a la gente y obteniendo él mismo una buena ganancia.
Esta práctica era muy común en la sociedad árabe cuando el Islam llegó. Anas dijo: "Se nos prohibieron las ventas de un residente para un forastero, aunque sean hermanos de sangre". De estas palabras deducimos que, para un musulmán, el interés público tiene prioridad sobre las relaciones personales. El profeta (saws) dijo: "Un residente (de la ciudad) no debe vender para un nómada del desierto. Si se deja a la gente sola, Allah les proveerá del uno al otro." La última frase del hadiz es muy significativa; Si se deja a la gente sola, Allah les proveerá del uno al otro, establece un principio básico en el campo comercial: Que el mercado, sus precios y sus ventas, debe dejarse libre para que responda a las fuerzas económicas internas y la competencia natural sin manipulación. Cuando Ibn Abbás fue consultado sobre el significado de "un residente no debe vender para un nómada del desierto", él respondió: "El residente no debe ser un agente para él." De aquí entendemos que si alguien informa al nómada del desierto sobre los precios, dándole un buen asesoramiento sobre los precios prevalecientes en el mercado sin cobrarle una comisión no habría ningún prejuicio en ello; pues dar un consejo es parte de la religión; de hecho, un hadiz dice: "La religión es dar buenos consejos" y "Si alguien te pide consejo, aconséjalo."
Sin embargo, en lo que concierne al agente comercial, es muy probable que en una situación como la descrita arriba, deje de lado el interés público por aumentar su propia ganancia.